jueves, 13 de enero de 2011

Nos quedamos sin playas

Por: Rogelio Antonio Córdova
Hermosa playa mía: siempre te recordaré...

El cielo azul, arenas blancas, grises y negras, la desembocadura de un hermoso río, brisa y sol, son cosas del pasado. Eran algunas de las características más hermosas de lo que fuera 'Río Mar', un lugar de esparcimiento de aguas y espacios donde se ocultan cientos de secretos de nacionales y extranjeros que sin ser millonarios, disfrutaban de lo que Dios nos ha otorgado: nuestras bellas playas panameñas, sobre todo en las costas del pacífico, sereno mar, agua azulada, verde, tornasolada. Y qué decir del Atlántico, donde prevalecen aún sectores vírgenes, en medio de un vertiginoso 'boom inmobiliario', que levanta suspicacias entre la población nacional y hasta foránea.
El sitio ha sido arrasado en su totalidad para levantar tres torres de lujos con 24, 22 y 20 pisos que rompen con todo el esquema de un área rural y de fantásticos esplendorosos paisajes. Claro, esas edificaciones lujosas no serán para el panameño común, el mismo que antes iba a pasear con amigos, hijos y demás y familiares.


Ahora totalmente devastada


Doloroso es verlo convertido en un área privada que acoge amplios apartamentos cuyos precios están alrededor de los 340 mil dólares hasta el millón en adelante. La firma diseñadora de este complejo residencial para gente adinerada es la de los arquitectos “Mallol & Mallol”. Ya por ahí han expresado ciertos “genios” en algunos medios de comunicación locales que el Parque Nacional Metropolitano se vería muy bien con un centro comercial en el medio. Criterios surrealistas, perversos, que alguien pudiera tomar en serio, para mal de la naturaleza nacional, nuestra ecología ya tan malherida.
Pero volviendo a mí playa, 'Río Mar', la de aguas y soles suculentos, la de paisajes irrepetibles, ¿quién dio el visto bueno para semejante mamotreto llamado proyecto urbanístico? ¿Qué dicen nuestros ecologistas, los profesionales de la ANAM sobre esto? ¿Quién sanciona? ¿Quién denuncia? Grupos aislados comentan y escriben, pero nada cambia. El drama ecológico prosigue. Todo está bien, es lo que se dice, 'porque el estudio de impacto ambiental' así lo señala. Analicemos: tres torres y sus aguas negras, ¿a dónde creen que irán a parar? por más que la traten, irán a ese río y a esa playa. La basura de quienes viven allí ¿de qué forma será tratada? Hay muchos puntos inquietantes en torno a esta grave situación. Islas y playas son vendidas sin ningún escrúpulo, como que si en Panamá también cabría vender el Canal, San Felipe, la Torre de Panamá-La Vieja, nuestras comarcas con todos los indígenas, todo incluido. Esto, señores, no lo podemos dejar pasar sin decir una palabra pública. De hecho, afuera de 'Río Mar', ya existe un condominio que rompe el entorno de paisaje rural. Así vendrán con el tiempo más condominios y heridas al paisaje, inadmisibles, a lo largo y ancho de la carretera Panamericana.
De forma irónica sus promotores señalan en una página web lo siguiente “El paisaje en Río Mar ha sido cuidadosamente diseñado para realzar la belleza natural del entorno y usted estará asombrado al ver las numerosas palmeras, las playas que están muy de cerca a las residencias, los árboles que proporcionan mucha sombra y acentúan el sentido de estar en contacto con la naturaleza, además de poder contemplar la belleza del Océano Pacífico”. Palmeras ya no hay, quizás una o dos. Supongo que se pondrán como locos a sembrar muchas para no quedar tan mal. Y eso de los árboles y demás, así como permitieron tumbar los que habían para construir torres de condominios, seguro los otros desaparecerán para nuevos proyectos. Y a esta dramática verdad, a esta infamia contra natura se la llama 'desarrollo'.
Lo que llaman ahora “Luxury Beach Community”, es sólo eso, una comunidad de playa de lujo, donde no habrá acceso para el panameño común, carente de exorbitantes recursos financieros. Eso téngalo usted por seguro. Playa Corona va por el mismo camino. En el pacífico nos están dejando sin buenas playas, que por ahora continuarán hermosas, pero inseguras, sin infraestructuras. Las playas que aún existen, van delincuentes (producto de la pobreza y el desamparo en materia educativa). Seguirán yendo también los pobres y marginados en paseos populares, en buses, llámese “diablo rojo o colegiales”, donde la balacera, el robo, el mal gusto, el alcohol, la violencia y el delito están a la orden del día. Como triste consuelo, nos queda en la retina la imagen del hermoso paisaje y esas aguas azules y serenas que tan bien recordamos. Al menos de esa playa, 'Río Mar', nos queda tu recuerdo y tu nombre que evoca un Panamá que ya no es. Un Panamá que se nos va, o que se ha ido irremediablemente.

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