Alejandro Robaina, su tabaco de la marca Robaina es exquisito. Admiro a este señor, puesto que tiene una bonita casa, ubicada en Pinar del Río, sencilla, rodeada de verdes montañas y colinas, fresco y fría en las noches.
El secreto del buen tabaco es que viene de Cuba. Su condición de isla, la latitud que no tienen las otras islas caribeñas, la composición de la tierra, una mezcla salina procesada por millones de años, ha hecho que el producto finalmente tenga su esencia original que la distingue del resto de los demás tabacos.
Cohiba, Robaina, Partagás, Romeo y Julieta, entre otras marcas que por no mencionarlas son los menos buenos, constituyen una rareza cubana y bien cotizada en el mundo.
El aroma del Robaina y el Cohiba son diferentes. El Robaina nos traslada a la campiña cubana donde se entre mezclan el olor a leña, hojas secas, a sabana pura
y el aire con sensación a agua.
Mientras que el Cohiba se resume a la Cuba en sí, su gente, el mar, la tierra y el ron, un ambiente aromatizante que envuelve el romance, la amistad y la nostalgia una vez vamos partiendo a la rutina que nos dobla la espalda en tierra firme.
Por esas y muchas otras razones me considero un adepto a la hoja que eran ofrecidas por los taínos a sus dioses ancestrales.
Fumo mi habano, me ven y al mismo tiempo envidian, por no tener ni un real para costearme mi purito, siempre por arte de magia tengo uno a la boca donde expelo el aroma que a todos sorprenden y encantan.