martes, 29 de julio de 2014

A la pobre le salió el tiro por la culata

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Aunque debo advertir que en Cuba meterse con un viejo extranjero es el deporte nacional de la mayoría de las cubanas.

El viejo no era tan pendejo como para dejarte sus millones. ¡Qué va!
Tomado de El Nuevo Herald
Kenia Batista Mir afirma que ella tuvo una vida feliz con su esposo alemán, quien llevó a la cubana a vivir con él en las Bahamas. “Estaba fuera de Cuba, y a la vez cerca”, dijo ella. El falleció despues, dejándole un patrimonio que se estima en unos $10 millones.
Pero 3 años y medio después de la muerte de Franz Kohlrautz, Batista alega que sólo ha recibido alrededor de $70,000 en efectivo. Su abogada está tratando de averiguar dónde está el resto del dinero, y por qué la casa de la pareja, en un vecindario de casas cuyo valor está entre $2 y $3 millones, se vendió por $200,000.
Documentos legales muestran que el albacea del testamento de Kohlrautz era además el presidente de la compañía que compró la casa: el viceprimer ministro de Bahamas Philip “Brave” Davis, en ese entonces abogado privado.
“La posición del señor Davis es que él no ha hecho nada indebido”, dijo Philip McKenzie, abogado del bufete de Davis en Nassau, Davis & Co.
El caso de Batista ha generado un grueso expediente de documentos legales y cartas entre tres abogados, así como quejas al Colegio de Abogados de las Bahamas e incluso a la Reina de Inglaterra, jefa de estado oficial de la ex colonia británica.
“Pero quejarse de esto es como quejarse de Raúl Castro a un policía cubano”, dijo William Nelson, de 56 años, un maestro de secundaria de las Bahamas que está ayudando a Batista porque ella es de la misma ciudad de Cuba que su esposa, Las Tunas.
Batista dijo que ella conoció a Kohlrautz en el 2005 cuando ella tenía 25 años y era camarera en El Chévere, un club de La Habana conocido por sus clases de salsa. El tenía 75 años y estaba tomando clases. Natural de Alemania, él había hecho una fortuna en minería y vivía en Freeport, Bahamas.
Ella se fue a vivir con él en el 2006, y se instalaron en la casa de él, una residencia de cinco cuartos y seis baños más cancha de tenis en la costosa sección de Lucaya. Ellos tenían dos autos marca Mercedes Benz en el garage y un barco anclado en el canal detrás de la casa. Se casaron en el 2009.
“Nos llevábamos muy bien. Yo fui muy feliz”, dijo Batista a el Nuevo Herald por teléfono desde Las Tunas. Nelson dijo que Kohlrautz era “posesivo y no muy simpático”, y que el matrimonio fue “un poco tempestuoso”. Batista dijo que eso no era cierto.
Sea como fuere, el 26 de mayo del 2010 Kohlrautz firmó un testamento nombrando a Davis, su abogado de mucho tiempo, como su albacea. El dejó a Davis $500,000 y varios terrenos que afirmó Davis le había ayudado a recobrar en una larga batalla judicial.
El testamento dejaba específicamente a Batista la casa de Freeport y todo lo que contenía, una cuenta de banco y dos cajas fuertes de depósito en las Bahamas. Pero agregó que dejaba “todo el resto de mi patrimonio, inmobiliario o de cualquier otro tipo, y situado doquiera se encuentre, a mi esposa Kenia Batista”.
Batista dijo que Kohlrautz tenía un apartamento en Alemania lleno de antigüedades y pinturas, cuentas de banco en Hamburgo y Frankfurt y una póliza de seguro de vida en Suiza. El se mantenía además activo en la bolsa de valores y contaba con intereses financieros en Sudáfrica y Panamá. Nelson ha estimado el matrimonio total en alrededor de $10 millones.
La casa en disputa por parte de la puta 
Kohlrautz murió de un ataque al corazón poco después de firmar el testamento, el 17 de noviembre del 2010. Batista dijo que ella estaba en Cuba, en uno de sus viajes para mantener la validez de su visa de visitante de Bahamas y su residencia cubana, y regresó enseguida.
Batista dijo que ella contrató a un abogado de Freeport, Carlson Shurland, para que la representara porque no le gustaba Davis. Shurland estaba presente el 17 de marzo del 2011, cuando ella firmó dos documentos que, según ella afirma, la traductora Adriana Alain le describió que eran para aceptar un adelanto de efectivo de $30,000 por su patrimonio. Batista habla muy poco inglés.
Uno de los documentos, sin embargo, da constancia de la venta que hizo Batista de la casa a Chrida Holdings por $200,000. Davis es identificado en el documento como presidente de Chrida. La abogada actual de Batista, Tiffany Dennison, dijo que ella no había visto evidencia de que Davis hubiera tratado de vender la casa antes de que fuera vendida a Chrida.
En el otro documento, Batista vende “la totalidad de sus intereses en el patrimonio” de Kohlrautz a Davis por $200,000. El Nuevo Herald obtuvo copias de ambos documentos.
Shurland no devolvió mensajes y correos electrónicos del Nuevo Herald solicitando una entrevista. La oficina gubernamental de Davis dijo que él no tenía autorización para comentar sobre temas relacionados con su trabajo como abogado, y remitió al Nuevo Herald a McKenzie. El dijo que si Batista tenía una queja, que debería llevarla al Colegio de Abogados y otras autoridades.
Batista dijo que Shurland le había presentado a Alain, quien tradujo en las firmas del 17 de marzo del 2011. Shurland ha dicho que Alain era amiga de Batista. Alain dijo al Nuevo Herald que solamente haría declaraciones en presencia de Shurland y Batista.
La viuda alegó además que Davis le había dicho que el “adelanto” en efectivo que ella recibió ese día era necesario porque el testamento estaba siendo impugnado por el hijo de Kohlrautz de un matrimonio anterior, Alexander. Dennison dijo que ella no ha visto evidencia alguna de semejante impugnación. No se pudo localizar a Alexander, y su madre no comento sobre el asunto.
Batista dijo que ella regresó a Cuba el 8 de abril del 2011 mientras Shurland se esforzaba por conseguirle una nueva visa para las Bahamas. Su nueva visa llegó más de un año después, y ella regresó a Freeport en junio del 2012.
“Voy a mi casa, y hay una persona adentro”, dijo. Ella fue a casa de Nelson y su esposa, Mariela Solórzano Aguilera, y después de algunas investigaciones se dieron cuenta de que la casa había sido vendida a Davis.
Batista estimó que ella ha recibido hasta el momento alrededor de $60,000-$70,000 en efectivo, y que Shurland se ha encargado de otros gastos suyos, como boletos de avión y salidas de compras.
Dennison dijo que ella pidió a Shurland y McKenzie cuentas detalladas de la herencia, pero no las ha recibido.
Nelson envió cartas a nombre de Batista al Colegio de Abogados de las Bahamas y a la Reina Isabel II porque ella es la jefa de estado oficial de las Bahamas. El despacho de la reina le respondió que la queja había sido remitida a la representante oficial de la Corona en Nassau, la gobernadora general Marguerite Pindling.
El colegio de abogados confirmó a Nelson que había recibido su queja, con fecha del 5 de junio del 2012, pero no respondió a un correo electrónico del Nuevo Herald pidiendo información sobre el estado del caso.




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